Hay días de chocolate y jengibre: nutritivos, energizantes y con un punto picante. Hay días que huelen a verbena y limón: relajantes, cicatrizantes y con un punto de frescor. Hay días que te acarician como miel con canela: suaves, melosos y con un punto dulzón. También hay días agrios, insulsos, que te arrastran tras grandes nubarrones; Y hay días solitarios, los menos compensados en sabor…
Me gusta cocinar, dedicar tiempo a preparar platos sanos, sabrosos, a veces sorprendentes, a veces reconfortantes. Me parece una forma bonita de querer. Y me gusta más si cabe compartir el momento de las comidas: conversación suave, risas, confidencias, silencios, miradas y ligerezas. La buena compañía es la mejor de las guarniciones. Y es que a veces nos complicamos la vida sin darnos cuenta, cuando ya tenemos todo lo que podemos necesitar para sentir la verdadera felicidad: alguien con quien compartir una buena mesa.
Creo que una buena receta es aquella en la que escoges un producto de calidad y lo cocinas lo justo para destacar su sabor sin que quede enmascarado por los demás aderezos. Con las personas pasa lo mismo: las mejores son las que te permiten ser tú mismo aliñándote al punto para que pueda florecer tu mejor versión. No es fácil reconocer a las que agrian poco a poco, pero con el tiempo acabas encontrando a esas personas ricas en aromas que saben complementar sin ahogar, realzar sin desvirtuar.
Y luego hay gente que transforma todo lo que toca en algo mejor, que tiene esa capacidad de convertir ingredientes en sensaciones, de equilibrar los sabores de tu esencia creando un momento único. En un pasaje precioso de «Grandes Esperanzas» de Dickens, Pip reflexiona: «Fue aquél un día memorable para mí, porque me trajo grandes cambios. Pero en todas las vidas ocurre lo mismo. Imaginad que se suprime de ellas un día determinado, y pensad cuán diferente habría sido su curso. Deteneos los que esto leéis a pensar por un momento en la larga cadena de hierro y oro, de espinas y flores, que nunca os hubiera atado de no haber sido por un primer eslabón que se formó en un día memorable.»
Hay personas con sabor propio y efectos balsámicos. Esas son las que pueden aportar ese toque único para crear un día inédito que se convierta en el primer eslabón de una «larga cadena de hierro y oro, de espinas y flores» que os una para siempre en algo extraordinario.

«Momento» de Las Jardineritas, 2021, Guillermo Lorca