Milena Busquets, en su novela «También esto pasará» escribe: «Todos vemos cosas distintas, todos vemos siempre lo mismo, y lo que vemos nos define absolutamente. Y amamos instintivamente a los que ven lo mismo que nosotros, y les reconocemos al instante».
Si tienes suerte, esto te ocurrirá varias veces en la vida.
De joven era muy enamoradiza. Adoraba enamorarme, pero solo porque me encantaba la sensación de flotar, de centrarme en otra persona en profundidad y porque siempre he sido de dar, incluso un poco demasiado. Y eso lo digo porque cuando te das a fondo, a menudo te olvidas de ti mismo, de lo que quieres, necesitas y en algunos momentos, incluso de quién eres. Creo que se necesita tiempo para encontrar el punto balanceado de amar sin desaparecer.
Sigo enamorándome y ahora me resulta imposible resistirme a esas personas que, como dice Milena, reconozco al instante. No se trata de que se parezcan a mi (no lo hacen). Se trata de una conexión por puntos. Pequeñas puntadas que conforman un encaje casi mágico. Creo que J. algunas veces lo detecta y se pone algo celoso. No tanto en un sentido básico del término, más bien envidia que conecte con otra persona. Esto me hace pensar en la secuencia de la película Her (maravillosa), de Spike Jonze en la que Theodore (Joaquin Phoenix) le pregunta a la IA con la que tiene una relación:
«- ¿Estás enamorada de alguien más?
– ¿Por qué preguntas eso?
– No lo sé. ¿Lo estás?
– He estado pensando cómo hablarte de esto…
– ¿De cuantos otros?
– 641. No sé si me crees, pero no cambia lo que siento por ti. No minimiza para nada lo locamente enamorada que estoy de ti. Estamos en una relación pero el corazón no es como una caja que se llena. Crece en tamaño mientras más amas. Soy diferente de ti. Esto no me hace amarte menos, al contrario me hace amarte aún más.
– Eso no tiene sentido. Eres mía, o no lo eres.
– No, Theodore. Soy tuya, y no lo soy.»
Yo no soy una IA (con llegar a una «Inteligencia Humana» básica me conformo) pero puedo afirmar que pocas cosas me producen tanta felicidad como conectar con alguien. Dicen que el secreto de una vida longeva y feliz pasa por una buena alimentación, movimiento y una vida social que te llene. Una vida en la que logres mantener esas conexiones, en la que busques la manera de custodiar esas relaciones. Porque el amor y la amistad son fruto del cuidado. Lo sé y a veces me saltan las alarmas, porque hace poco tiempo que soy consciente de que necesito estar sola para recargarme y de que me siento más cómoda en grupos reducidos, en amistades de tú a tú. Digamos que soy introvertida por vocación (aunque sé «extrovertirme» por necesidad). Y temo encerrarme y acabar hablando con fantasmas. Pero entonces aparece alguien, que en una noche inesperada me regala confidencias, temores y risas, nos reconocemos y cosemos un trozo de ese encaje imprevisto. Y se calman mis miedos.
Durante mucho tiempo, me han dicho que tengo que cambiar mi forma de ser tan complaciente, tan pendiente de los demás, de sus necesidades, de no molestar a nadie, de darme tan a fondo, porque me diluyo en el proceso. Ahora creo que se equivocan y que no me desdibujo, más bien refuerzo los trazos de quién soy añadiendo las pinceladas de otros. Un poco como Guillermo Lorca, con sus pinceladas bruscas que buscan arrastrarte a un viaje a los abismos de su alma en esos cuadros oníricos, de realismo mágico y colores intensos. Él dice que cree que hay un lugar en nuestras mentes a través del cual podemos comunicarnos con nuestro nivel emocional más profundo. Y yo creo que no hay otra forma de llegar a ese nivel que dándonos sin reservas a los demás.

* And the rest is silence, oil on canvas, Guillermo Lorca