“Solo lo diré una vez. No lo había dicho nunca antes: este tipo de certeza solo se presenta una vez en la vida”. Es lo que le dice Robert a Francesca en Los puentes de Madison.
Y así estoy yo ahora, descolocada, viviendo ese tipo de certeza, sintiendo algo que no buscaba y que ni siquiera pensaba que existiera.
Dime, qué hago ahora con mi vida, con esa vida que no puedo desmontar, y que tampoco puedo vivir como antes de que llegaras.
Qué hago con esta necesidad de ti, con este “nosotros” que sueño pero no puede existir, con este sin vivir que es no tenerte.
Qué hacemos con el tiempo sin tenernos, con ese tiempo que es de otros. Dónde encajamos en todo esto esos minutos imborrables y eternos nuestros.
“No quiero necesitarte porque no puedo tenerte” le dice también Robert a Francesca. Y él se marcha. Y ella lo deja marchar. No sé si yo podré dejarte marchar, tal vez no pueda.
Qué hago ahora con todo esto, dime, qué hago con todos estos sueños, con todas las cosas que me llevan a ti.
Qué hago cuando estás en todo lo que todavía no ha pasado y que ya no quiero que pase sin ti.