La vida es impredecible. Cuando crees que tu vida tranquila y estable te da todo lo que necesitas, de repente ocurre algo y todas tus certezas se tambalean.
Y te imaginas en un ático abuhardillado escuchando la lluvia y viendo los relámpagos partir el cielo en pedazos, te sueñas caminando un camino inesperado junto a un desconocido al que conoces como si no hubiera habido nadie más en el mundo.
Y te dices, sabiendo que no puedes decírtelo, que solo vas a vivir una vez, que la vida que quieres vivir es esta en la que sueñas, que los años pasan más rápido de lo que parece, que tienes que vivir como si fueras a morir mañana o habrás vivido un poco a medias.
Y te pones esa camiseta y te sientes feliz solo porque es la que llevabas esa primera mañana de ese primer día de fuegos artificiales y estrellas.
Y te sientes culpable también porque la vida que tenías te servía, no creías necesitar más, tú que tan pocas cosas has necesitado. Y ahora lo único que quieres no puede ser tuyo. Y te duele aunque no deba dolerte.
Alguien me dijo una vez que por las mañanas al mirarte al espejo deberías preguntarte si eres feliz. Si la respuesta es “no” durante demasiados días seguidos, tienes que plantearte cambiar algo en tu vida. Parece simple, verdad? Entonces por qué tiene que ser todo tan complicado…
Cuentan las hadas del bosque en la leyenda de “la vella de l’estany” que cuando dos enamorados tienen que vivir separados su amor, por grande que sea la distancia, si en una noche de luna llena la contemplan en el mismo instante, su amor será eterno y sus corazones se juntarán para siempre. Tal vez eso sea más sencillo… Habrá que probar.
Y tal vez pasarán 100 lunas y todo será distinto o a lo mejor será simplemente más brillante, de un brillo tan intenso que de tanto deslumbrar abrirá un camino nuevo, uno todavía inexplorado por el que podremos caminar sin miedo a perdernos entre precipicios.
Mientras tanto, he pensado que lo único que me queda es disfrutar de esos pequeños instantes de felicidad absoluta que vienen en forma de besos furtivos, de palabras secretas y solo nuestras, de lunas llenas, de mensajes cruzados cargados de magia, de príncipes y de princesas.